De eso se trata It’s my party: de abogar y sufrir por ese contacto que se demora una y otra vez, mientras no podemos dejar de oír el tortuoso tic tac. Ahora que escribo comienzo a entender por qué adoro esta historia: creo que nunca antes había estado frente a una película en la que deseara con tantas ganas ver el abrazo amoroso entre dos hombres. Sólo importó el beso. Fue mi primera vez, como atravesar un umbral privilegiado hacia la empatía absoluta. ¿Sería un extrañamiento muy íntimo lo que hasta entonces no terminaba de vencer? Antes había visto otras películas con relaciones homosexuales, claro, pero a mí me tocó hacer clic con Nick y Brandon, seres ficticios a quienes estoy agradecida por una sinceridad que se hizo piel, conciencia, igualdad.
miércoles, 14 de julio de 2010
It's my party, de Randal Kleiser
De eso se trata It’s my party: de abogar y sufrir por ese contacto que se demora una y otra vez, mientras no podemos dejar de oír el tortuoso tic tac. Ahora que escribo comienzo a entender por qué adoro esta historia: creo que nunca antes había estado frente a una película en la que deseara con tantas ganas ver el abrazo amoroso entre dos hombres. Sólo importó el beso. Fue mi primera vez, como atravesar un umbral privilegiado hacia la empatía absoluta. ¿Sería un extrañamiento muy íntimo lo que hasta entonces no terminaba de vencer? Antes había visto otras películas con relaciones homosexuales, claro, pero a mí me tocó hacer clic con Nick y Brandon, seres ficticios a quienes estoy agradecida por una sinceridad que se hizo piel, conciencia, igualdad.
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